Obesidad y aspectos psicológicos

En las enfermedades endocrinas se debe considerar el estado psicológico ya que este es fundamental para la adherencia al tratamiento.

En particular en la obesidad puede no haber un trastorno genuino de tipo mental, pero los factores psicológicos tienen una importancia fundamental en el control de la sensación de saciedad, en todo caso en el obeso puede existir una alteración patológica primaria que de origen al problema.

Así mismo podría ser el resultado de una conducta anómala como una reacción a un problema no resuelto y también es obligado tener en cuenta tanto las alteraciones que se presentan como consecuencia de la imagen de si mismo y la ansiedad o variaciones anímicas.

En los trastornos de la alimentación y en el obeso en concreto debemos recordar el célebre aforismo de Marañón: no hay enfermedades sino enfermos, por lo que se plantea la necesidad de considerar los aspectos psicológicos, teniendo en cuenta que en el origen y en el mantenimiento del problema influyen multiples factores.

Variables cognitivas (sistema de creencias), variables afectivas (manejo de los estados emocionales displacenteros, tolerancia a la frustración) y variables ambientales (costumbres, hábitos familiares),siendo importante tener en cuenta los rasgos de la personalidad y del del entorno del paciente que consulta.

Para conseguir un fortalecimiento básico interno es fundamental aportar el apoyo, dar la información, educar, facilitar que se expresen posibles conflictos, modificar la distorsión de la autoimagen y baja autoestima, teniendo como objetivo la mejora en su propia visión de si mismo y sus expectativas de eficacia y logro.

La obesidad es, sin lugar a dudas, un trastorno cuyo origen, expresión clínica y tratamiento, sólo se pueden estructurar con un enfoque biológico, psicológico y social.

En este sentido, la obesidad no se diferencia de los procesos que la clasificación aceptada considera trastornos genuinos, cuantitativos de la ingesta (anorexia y bulimia nerviosa) ni, en rigor, de la gran mayoría de los procesos incluidos en el eje 1(trastornos clínicos) de los sistemas de clasificación DSM (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, publicado por la American Psychiatric Association).

La importancia de los llamados factores psicológicos en la génesis y el mantenimiento de la obesidad podría deducirse del análisis de cualquiera de los modelos explicativos del sistema regulador del hambre desarrollados hasta la actualidad.

En efecto, sería lógico creer que si los factores psicológicos tienen un papel esencial en el control del hambre, la obesidad sería una enfermedad en la cual las alteraciones psicológicas constituirían un elemento central.

Las personas obesas tendrían una estructuración anómala y relativamente específica de la personalidad y, en general, presentan grados de alteración neuróticas superiores, a las no obesas.

-Infuencia emocional:

Muchas personas dicen que comen cuando están angustiadas, deprimidas, cansadas o se sienten solas. Existen varias razones posibles para este comportamiento problemático.

Para comenzar, a la mayoría de nosotros no es muy difícil ponerle nombre a las cosas. Los sentimientos fisiológicos internos de ansiedad y depresión son a menudo difíciles de distinguir de los que caracterizan al hambre.

Por ejemplo, dos personas pueden sentirse cansadas, aturdidas, débiles y algo tensas. Una de ellas quizá atribuya estas sensaciones a la contaminación ambiental, a un virus de temporada, a hábitos inadecuados de dormir, etc., etc.

La segunda acaso designe inadvertidamente estas sensaciones como “hambre”. Investigaciones fisiológicas de la últimas décadas indican que muchos individuos (y especialmente los obesos) tienen dificultad para distinguir el hambre de otros estados de excitación sensitiva.

Desafortunadamente esto puede significar que la persona excedida de peso coma en respuesta a una variedad de estímulos internos equivocados. En cierto modo, es posible que se haya convertido en un mal etiquetador de su propio ambiente privado.

Una segunda razón posible de la frecuencia de comer en respuesta a la tensión, la angustia y la depresión, es que la ingestión de alimentos se ha asociado desde hace mucho tiempo con la reducción de la ansiedad.

El alimento de hecho ayuda a mitigar la tensión. La mayoría de los padres usan este principio cuando emplean leche o golosinas para consolar a un niño.

Desgraciadamente, este método puede fácilmente convertirse en problemático. Y a medida que el niño crece, aprende asociar la comida con la reducción de angustia… y los dulces que engordan se vuelven peligrosos estimulantes o calmantes.

Algunos refieren que comen demasiado para castigarse por sus malas acciones. La persona perfeccionista que sigue una dieta siente que “peca” al comer una fruta prohibida.

La culpabilidad, angustia y depresión que a veces se siguen, son estímulos para comer más… lo cual, a su vez, conduce a una depresión mayor. Estos círculos viciosos son factores frecuentes de la obesidad.

A menos que se interrumpan y corrijan, pueden conducir a una secuencia larga y triste a menos que, rompamos definitivamente con estos comportamientos circulares que no nos llevan a una salida afortunada del problema y lo que es peor lo agravan.

-Como evitar “pensar” en comer:

ACTIVIDADES AGRADABLES QUE INFLUYEN EN EL ESTADO DE ANIMO, EVITANDO DE ESTA MANERA PENSAR EN LA COMIDA.

Estar con gente agradable o con amigos.

Estar con personas que muestran interés en lo que uno dice.

Conversar de forma abierta y franca o animadamente.

Estar con alguien que se quiere.

Que te halaguen o tú alabes a alguien.

Que te expresen amor o que tú lo manifiestes.

Reírse o divertir a los demás.

Que te den un consejo o puedas ayudar a otro.

Pensar en algo bueno para el futuro.

Recordar experiencias gratificantes.

Pensar en la gente que te gusta.

Ver a viejos amigos o conocer a alguien.

Estar relajado y respirar profundamente.

Escuchar música, ir al cine o el teatro.

Tener tiempo libre y dar un paseo.

Respirar aire puro y ver un paisaje hermoso.

Practicar un deporte, un ejercicio o una tarea que te guste.

Sentir paz y tranquilidad y que lo que haces tiene sentido.

Hacer un trabajo de un modo personal.

Planear u organizar algo, unas vacaciones o un viaje.

Iniciar una lectura interesante.

Aprender a hacer algo nuevo o hacer bien un trabajo.

Escribir a alguien o tener una charla telefónica.

Decir algo claramente, que te digan que has hecho algo bien.

Ver que lo que ocurre a la familia o amigos es positivo.

Observar a los demás.

Sentirse popular entre los demás o en una reunión.

Tomar té o café con amigos o familiares.

Sonreír a los demás.

Realizar una tarea creativa.

Dar un paseo solo o en compañía.

Todo lo mencionado anteriormente es incompatible con un estado depresivo, mejorará su interacción social y autoestima personal, permitiéndole encontrar gratificaciones alternativas a aquellos comportamientos “rituales” que derivan en la búsqueda de una gratificación “instantánea”, pero nociva a la larga.

Añada otros puntos a esta lista, dependiendo de sus intereses personales afín de eliminar la conducta inadecuada.

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